LA CIENCIA FICCIÓN EN ASIMOV




EL BLOGGER INVITADO


Está ocasión publico un artículo sobre Isaac Asimov, escrito por Iván Rodrigo Mendizábal. El blogger es catedrático y crítico de ciencia ficción. Este artículo es una joya de artículo que vale pena volver a publicarlo.

(Publicado originalmente en la web Ciencia Ficción del Ecuador )

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Isaac Asimov fue un prolífico escritor. Lo señalan sus más de 200 libros entre novelas, textos de divulgación científica, ensayos, aproximaciones a la historia, etc. Además de ello fundó su propia revista, Revista de Ciencia Ficción de Isaac Asimov –Asimov’s Science Fiction–, en 1977, la cual se ha mantenido hasta el presente, no obstante su muerte en 1992. En dicha revista Asimov, en los primeros números, se fue ocupando de sistematizar su pensamiento respecto al género, en un tono entusiasta y alentador, intentando que los lectores puedan comprender que la ciencia ficción es cosa seria, al mismo tiempo que entretenida. Muchos de sus artículos el propio Asimov los compiló en un libro, Sobre la ciencia ficción (Sudamericana, 1982).



Es así que constatamos que para Asimov el primer escritor de ciencia ficción fue Julio Verne. Aunque reconoce que Edgar Allan Poe y Mary Shelley ya dieron los primeros pasos, señala que Verne se especializó y vivió de la ciencia ficción, por entonces sin esa denominación. Es decir, si Shelley o Poe enlazaron asuntos que tenían que ver con el desarrollo de las ciencias en ciertas obras, Verne se dio cuenta que prevalecía el interés de los públicos para comprender las ciencias y las tecnologías emergentes de la mano de aventuras: “el público estaba sediento de aventuras contadas desde los nuevos puntos de vista que la ciencia hacía posibles, en una época en que el optimismo relativo a los avances venideros de la ciencia estaba en su apogeo” (p. 85), señala Asimov, rindiendo honor al escritor francés, pero al mismo tiempo poniendo de relieve el factor del entusiasmo hacia las ciencias del que Verne era su cultor, toda vez que el positivismo estaba en auge. Dicho de otra manera, para Asimov –y posiblemente para muchos autores más– la ciencia ficción nació verdaderamente en el contexto de la curiosidad, positiva, por cierto, por las ciencias: la ciencia ficción vendría a ser tributaria de una mirada que miraría horizontes nuevos alentadores. Y qué mejor si de por medio existía la ficción de las aventuras.

Pero si se trata de sacar partido a la misma ciencia, en efecto, Asimov reconoce que Mary Shelley inauguró, sin quererlo, al género de la ciencia ficción. Aunque antes de ella ya había antecedentes, más entroncados con seres míticos, con ideas acerca de los planetas y estrellas, de viajes imaginarios a la Luna o al Sol, además de las inquietudes que suscitaban las ideas y las nacientes ciencias durante el Iluminismo, fue Shelley la que orientó su mirada más allá del sentido común social y de las noticias sobre descubrimientos científicos en su época: “fue la primera en recurrir a un descubrimiento científico llevándolo a su extremo lógico” (p. 183). Frankenstein, de este modo, se constituyó en la novela inaugural de la ciencia ficción en la constatación de Asimov. Desde ya, en la estructura de dicha obra late el descubrimiento científico de Luigi Galvani y la contracción muscular en animales por efecto de la electricidad, la cual, por otro lado, ya despertaba fascinación. La ciencia y la tecnología parecían prometer la vuelta a la vida de los cuerpos muertos.

Dos aspectos que están presentes entonces en las señalaciones de Asimov antes citadas: aventuras contadas con el sesgo de la ciencia y extremar la mirada sobre los descubrimientos científicos. Es decir, la ciencia no queda solo en el lado de los científicos, de los laboratorios, de los experimentos, sino que se escapa, de la mano de escritores atentos a sus desarrollos, inquietos o curiosos por sus implicancias, hacia los terrenos de la ficción, donde ficción es una estrategia para poner en el papel el producto de tales inquietudes o miradas atentas.




Shelley y Verne pusieron en la discusión cuestiones que en sus respectivas épocas estaban latentes pero no puestas en el papel de las discusiones filosóficas y políticas. Asimov reconoce que sin ellos no habría un primer trazado y el camino de lo que luego se conocerá como ciencia ficción, término que se acuñó en el seno de las revistas de divulgación y literatura de masas en la década de 1920 en Estados Unidos. Ya para ese momento, ya habían otros escritores cuyas obras eran ya populares. En todo caso, era un tipo de literatura que tenía otra mirada, otros escenarios, otras preguntas, lejos de las literaturas convencionales.

Es por eso que Asimov, queriendo definir la ciencia ficción, dice de ella: “es la rama de la literatura que trata sobre las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología” (p. 18). Cuando lee la obra de Shelley, en efecto, prueba que allá la escritora ensaya una respuesta sobre lo que estaría pasando si es que se extremase esos descubrimientos con la electricidad. Revivir muertos con electricidad puede ser una fantasía del Dr. Frankenstein, pero también es una crítica literaria en su tiempo a ese pensamiento racionalista que imperaba: los románticos, como Shelley, estaban conscientes de lo que estaban viviendo y de lo que las ciencias modernas parecían prometer, pero también se preguntaban por la pertinencia humana, por lo ético en el seno de las ciencias. Se podría decir que esas inquietudes siguen latentes cada vez que hay un nuevo descubrimiento, porque una cosa es el hecho “en bien de las ciencias” y otra el uso de las ciencias para fines que no siempre condicen con la eticidad.



La ciencia ficción, con el extremar la mirada, da posibles respuestas, o mejor dicho, otras respuestas, hipotéticas. Y eso es lo importante en el trabajo de Asimov, sobre todo en su literatura de ciencia ficción –la saga Fundación, u obras como Yo, robot; Los nuevos dioses; El hombre bicentenario; Viaje alucinante; etc.–, donde Asimov plantea hipótesis y argumentos: piénsese solo la “psicohistoria”, invención suya, pero que plantea que es posible predecir el comportamiento social a lo largo del futuro a partir de la observación de las actitudes de los individuos. Añádase a esto el reto de contarlos mediante una trama compleja, dentro de un mundo también complejo: Asimov articuló una serie de mundos posibles de notable interés y rigor. De ahí que este termine diciendo otra definición de la ciencia ficción, retadora a la vez: “¿Qué piensa usted (…) de esta definición?: Las historias de ciencia ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles” (p. 20).

Es el viaje de imaginación, además extraordinario, en sentido de que se va a descubrir algo nuevo, y que, por otro lado, se va a un infinito de posibilidades.

Universos Paralelos




Foto: RT / NASA


Una tarde de febrero de 1996, llegué del colegio, prendí la televisión, sintonicé un canal local y miré la serie de televisión «Sliders». Me quedé impresionado por la temática. En la serie norteamericana de ciencia ficción «Sliders» se narró las aventuras de tres hombres y una mujer en los universos paralelos. La serie fue creada por Tracy Tomé y Robert K. Weiss y sus productores ejecutivos fueron Tracy Tomé, Robert Weiss, John Landis, Leslie Belzberg, Alan Barbenette y David Peckinpah para la cadena Fox en sus primeras tres temporadas y luego, la cuarta y quinta temporada para la cadena de cable Sci Fi channel. La primera emisión fue el 22 de marzo de 1995 y duró cuatro años en pantalla. Tuvo éxito, aunque hubo controversias por sus cambios de temática, que, a muchos fanáticos de la serie, no les gustó.




En la serie «Sliders», Quinn Mallory, un estudiante de física, inventa una maquina que es capaz de «deslizarse» a otros mundos paralelos. Sus datos los comparte con su mejor amiga Wade Wells y su profesor y mentor Maximillian Arturo. Los tres se reúnen para hacer una prueba, pero existe un fallo. La máquina los absorbe, incluyendo a un hombre que estaba componiendo su vehículo, Rembrandt Brown. Y así comienza esta aventura fascinante por los mundos paralelos. Pero, ¿existen los universos paralelos? ¿Hay pruebas de su existencia?





Primero, la existencia de los mundos paralelos es un hecho muy discutido entre los físicos. El primer físico en proponer la interpretación de los universos múltiples o interpretación de los mundos múltiples fue Hugh Everett. Este científico hace una paradoja de un ejemplo de la mecánica cuántica del físico austríaco Erwin Schrodinger. Wikipedia señala que: «Schrödinger plantea un sistema que se encuentra formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Al terminar el tiempo establecido, hay una probabilidad del 50% de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto, y la misma probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y el gato esté vivo»… Pero, Hugo Everett plantea la misma paradoja desde su interpretación de los universos paralelos. El gato puede estar vivo o muerto, al mismo tiempo, pero en distintos universos. Pero no puede coexistir en el mismo universo. Es decir, en el evento del gato, existen múltiples capas de una misma «realidad», que se reproduce en mundos paralelos. Esta interpretación de Hugo Evertt tiene su primer escollo en que esta coexistencia de los mundos paralelos debe medirse. Tomemos en cuenta que para la física, todas las magnitudes y muchos fenómenos deben medirse y plantearse en forma de ecuaciones. En palabras sencillas, la existencia de los multiversos debe detectarse para medirlo o simplemente, mirarlo.



Los Académicos de la Universidad de Griffith de Australia, Howard Wiseman y Michael Hall, del Centro de Dinámica Cuántica de Griffith, y Dirk-Andre Deckert, de la Universidad de California, explican que los multiversos existen en un número infinito de posibilidades e interactúan, a través de una sutil fuerza. Por ejemplo, en algún mundo paralelo debe existir que los dinosaurios no dejaron de existir y evolucionaron a formas inteligentes de vida. «La belleza de nuestro enfoque es que si hay un solo mundo nuestra teoría se reduce a la mecánica newtoniana, mientras que si hay un número gigantesco de mundos reproduce la mecánica cuántica», explica Howard Wisemman. «En el medio, predice algo nuevo que no es la teoría de Newton, ni tampoco la teoría cuántica». 



Muchas teorías modernas predicen que nuestro universo está en una burbuja. Y los otros multiversos están en otras burbujas que guardan otros universos. No necesariamente estos universos deben ser regidos por las leyes de la física básica de causa y efecto. Esta coexistencia de burbujas de universos tendrían ciertas débiles fuerzas, que los físicos del University College y del Imperial College de Londres y del Instituto Perimeter de Física Teórica en Ontario buscan encontrar una señal. En este mismo sentido, los científicos de la CERN, European Organization for Nuclear Research, realizarán un experimento en el gigantesco acelerador de partículas LHC. En el experimento, los protones (partículas subatómicas de carga positiva) se desplazarán a un ritmo de 5 millones por segundo y a este ritmo podrían, en algún punto, «desaparecerse» y otra vez «aparecerse». Esto plantearía que hubo un deslizamiento hacia otras dimensiones.



Por otro lado, datos obtenidos en el telescopio espacial Planck podrían dar una prueba de la señal de la existencia de universos paralelos. Debido a que se podría haber encontrado «la sutil fuerza de atracción». El telescopio descubrió un «Flujo oscuro» en los bordes del universo conocido. Lo plantean como «oscuro», porque en la física moderna, lo que se desconoce su naturaleza es materia oscura. Los científicos se extrañan, porque según los modelos cosmogónicos, los cuerpos cósmicos se desplazan en muchas direcciones, pero el flujo oscuro hace que los cuerpos se muevan en una sola dirección. Este flujo oscuro podría ser una fuerza de atracción entre multiversos y la señal de que éstos existen.



En los años siguientes se podría encontrar evidencia de la existencia de universos paralelos que fue la temática en la serie de Tv «Sliders». Pero, me pongo a pensar en una pregunta coyuntural, que seguramente, alimentará la imaginación: ¿Cómo viajamos entre los universos paralelos?








Ciencia Ficción, según Asimov


Por Cristián Londoño Proaño


Asimov es uno de los referentes de la ciencia ficción. Fue un gran divulgador científico y también un entusiasta y divulgador de varias temáticas de la ciencia ficción. En la década de los setentas, el escritor ruso nacionalizado norteamericano escribió algunos ensayos sobre su punto de vista de lo que es la ciencia ficción. En este artículo abordaré sobre dos de sus ensayos. El primero se llama: «Mi punto de vista» y el segundo: «Los viajes extraordinarios».



En los dos ensayos, Asimov intenta dar una definición del género, abordando desde distintos puntos de vista. En el primer ensayo «Mi punto de vista», Asimov aborda desde la perspectiva de que la ciencia ficción es literatura surrealista. En ese contexto, Asimov dice en su ensayo»: «La ciencia ficción y la literatura fantástica ( a las que podríamos reunir bajo el nombre de ficción surrealista) tratan de hechos que se desarrollan en contextos sociales que no existen hoy ni han existido en el pasado». Y más adelante menciona que: «el fondo surreal de la historia podría derivarse de nuestro propio medio a través de los cambios correspondientes en el nivel de ciencia y la tecnología». En el sentido en que muchas novelas de ciencia ficción se refieren a las nuevas tecnologías, Asimov no se equivoca, porque algunos cambios sociales (y no solamente sociales, sino de comportamiento) ocurrieron influenciados por el cambio tecnológico y de la ciencia. Por ejemplo, el cambio social y de comunicación, debido a los teléfonos inteligentes. La forma de comunicarnos ya no es la misma, que la teníamos hace apenas tres décadas. La sociedad cambió con esta nueva tecnología. La manera en que nos comunicamos, nos comportamos, compramos, vendemos y nos informamos ya no es la misma, es diferente. Esto supone que todos y todas pensemos en términos de ciencia ficción. En esta primera definición lo que es ciencia ficción (considero, una primera aproximación) es incompleta, porque muchas novelas de ciencia ficción serían excluidas. Por ejemplo, «El hombre en el castillo» de Philip Dick. En esta novela se narra de lo que hubiese pasado si la II Guerra Mundial era ganada por los nazis y los japoneses. Y especula que Estados Unidos hubieses sido un feudo repartido entre japoneses y alemanes. En esta novela no hay un hecho tecnológico que motivó un cambio social, sino un hecho histórico.


En el otro ensayo «Los viajes extraordinarios» publicado en «La Revista de Ciencia Ficción de Isaac Asimov» en la década de los 70, hace otra aproximación y dice que las novelas y los relatos de ciencia ficción son «cuentos de viajes fantásticos», considerando que se narra el viaje con vehículos diferentes. Asimov dice: «Las historias de ciencia ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles». Analicemos esta aproximación. Muchas de las novelas de ciencia ficción podrían encasillarse en esta definición, especialmente las «Space Opera», pero cae en muchos obstáculos. Si bien es cierto que las historias de ciencia ficción son viajes, si consideramos las concepciones dramaturgicas de Vogler. Todo personaje de una historia tiene un viaje, sea hacia el interior de su ser o hacia el exterior. En el caso de la ciencia ficción, puede ser, un viaje extraordinario hacia Marte u otro planeta en una galaxia. O quizás al fondo marino. Por lo otro lado, Asimov habla sobre futuros concebibles. Esta aproximación sacaría del género a las novelas del subgénero del «Steampunk».


En las definiciones de ciencia ficción que Asimov escribió en sus ensayos, evidencia que realizar una definición de género es complicada. Dicho sea de paso, la discrepancia en la definición del género es algo que resulta entretenido. Póngase a varios escritores del género a pensar en una definición del género y no se pondrán de acuerdo. Por ejemplo, Campbell decía que ciencia ficción es: «lo que los editores de ciencia ficción compran». O puede encontrar más definiciones en otro de mis artículos llamado: «Definir a la ciencia ficción: una tarea compleja». En ese breve análisis, se evidencia que los ensayos de Asimov son un claro ejemplo que el género tiene mucha riqueza, y que sus aproximaciones tienen mucha relación con sus propias obras.