La importancia de ciencia ficción


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A través de los tiempos, la literatura de ciencia ficción inspiró muchos inventos y tecnologías. Uno de los pioneros del género, Julio Verne, creó varias máquinas en sus novelas. Él describió el submarino, esa máquina maravillosa de «Veinte mil lenguas de viaje submarino». En otra de sus novelas creó un proyectil sumamente grande que realizó un viaje a la Luna, que inspiró la construcción del Apolo XI y su misión. Otro de los precursores del género, H.G Wells, fue el primer escritor en hablar de la crisis petrolera. Robert Heinlein, autor de innumerables novelas de ciencias ficción entre ellas «Starship Troopers», fue el primero en crear un brazo mecánico en su novela «Waldo». En una de sus novelas, William Gibson, autor de novelas como «Neuromante», inventó una palabra que en su tiempo, los años ochenta, era nueva y poco común: ciberespacio. En las novelas de Philp Dick, autor de «Ubik» y que muchas de sus obras se adaptaron al cine como «¿Sueñan los androides en ovejas electrónicas?» que su adaptación cinematográfica fue «Blade Runner», plasmó en sus novelas el espíritu de nuestra contemporaneidad, los grandes monopolios y los personajes como Julián Assange. En la novela “La guía del autoestopista galáctico” de Douglas Adams se habló sobre libros electrónicos. En otras palabras, estas ideas de nuevas tecnologías comenzaron como una chispa en la imaginación de un escritor de ciencia ficción y luego se gestaron cuando el escritor colocó su máquina de escribir en la mesa, puso la hoja en blanco en el carrete y tecleó la primera palabra. No empezaron en una pizarra llena de fórmulas y métodos matemáticos.



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Actualmente, se estudia en los Estados Unidos el uso de un ascensor espacial, que ya lo imaginó Arthur Clarke. Y varias empresas como «Intellectual Ventures», empresa dedicada al apoyo y a la compra de patentes, están convocando a varios escritores de ciencia ficción para conversar sobre sus ideas para que inspiren nuevas tecnologías. Pero quedarnos con la idea de que la importancia de la ciencia ficción es la inspiración que provee sobre las nuevas tecnologías es muy pobre. Su importancia radica en que la ciencia ficción coloca las nuevas tecnologías en la sociedad y alerta como esas tecnologías impactan en la vida cotidiana de las personas. Es cierto que la historia creada por el autor es una suposición, pero no es desligada de los alcances que podría tener la inserción de la nueva tecnología. Esto se debe a dos factores que se relacionan y fundamentales en la ciencia ficción: la intuición y la investigación científica. ​


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Abordemos, el primer factor: la intución. El escritor de ciencia ficción observa su realidad y atiende a los cambios tecnológicos que suceden en su realidad. Y luego en sus creación intuye el siguiente cambio tecnológico o intuye como una tecnología actual podría emplearse de un modo distinto. Cito un ejemplo, una de las historias de ciencia ficción de los años cuarenta intuyó con bastante cercanía a lo que ocurrió con la bomba atómica. Este relato fue «Deadline» de Cleve Cartmil, que apereció en el número de marzo de la revista «Astounding Science Fiction», editada por John W. Campbell, que acierta a lo que ocurrió en el lanzamiento de las bombas atómicas a Hiroshima y Nagasaki. Incluso motivó que el FBI investigara al autor. Si nos remitimos a nuestra contemporaneidad, pensemos en el caso que, en el futuro cercano habrían autos voladores. Es evidente que las distancias se acortarían y no sería problema recorrer distancia largas. Pero ¿cómo afectaría a las personas en su vida cotidiana?¿Qué tipo de leyes de tránsito existirían? ¿Quiénes podrían costearse un auto volador? ¿Cuál sería el impacto en el ambiente? ¿Qué combustibles se utilizarían? Preguntas que la ciencia ficción podrían intuir y dar alguna pálida luz. 

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El segundo factor es la investigación científica. Esta investigación científica no está desligada a la intuición. Un autor de ciencia ficción, primero debe investigar cuales son los avances actuales de las nuevas tecnologías y cuales son los posible proyectos. Es decir,  el escritor de ciencia ficción necesita —exige, debe ser lo correcto— una mínima investigación del tema que se quiere plantear en una novela, relato o película. Por ejemplo, si un escritor quiere  narrar sobre una historia de un viaje espacial a Tritón, debe resolver algunas aspectos: ¿Cuál es el combustible para el viaje espacial? ¿Cómo funcionarán los  reactores? ¿Cuál sería el diseño de la nave espacial?  Y esta búsqueda en la mente del escritor de ciencia ficción hace que imagine respuestas, que muchas veces pueden parecer descabelladas, pero a lo largo del tiempo, podrían ser semillas que germinarán en la mente de un científico o un inventor. 


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Ahora abordemos un caso real. La primera chispa creativa de mi novela corta «Los Improductivos», lo que llamo intuición, lo tuve en febrero de 1997 cuando leí el anuncio de la clonación de la Oveja Dolly. Hasta esos años la biología ya practicaba la clonación, pero fue un adelanto impresionante que el Instituto Roslin de Edimburgo lograra clonar al primer mamífero a partir de una célula adulta.  En los años posteriores me metí a leer sobre el tema. Algo en mi interior se había movido. En el 2003 fue el segundo golpe, cuando me enteré por internet que la oveja Dolly había sido sacrificada debido a una enfermedad progresiva pulmonar. En ese instante, me decidí a escribir una novela que hablara sobre clonación, pero no desligado del sistemas capitalista en un mundo globalizado.  Comencé una fase intensa de investigación en temas de genética y biología. En mi novela, la «Sociedad  Productiva» es un sistema fundado por un grupo denominado: «Los Hacedores». Cito uno de sus  míticos discursos: «Pensemos en un mundo libre de defectos humanos, produciendo a favor de todos en una atmósfera de paz y armonía, administrado el tiempo adecuadamente. ¡Abramos mentes y dejemos que La Revolución Productiva nos perfeccione». En mi novela, los Hacedores lograron esa perfección y la productividad a través de la clonación humana, en un sistema capitalista extremo y globalizado. En mi investigación, debía averiguar, hipotéticamente como se produciría la clonación humana. ¿Cuáles podrían ser las condiciones ideales físicas, biológicas y químicas para producir una clonación humana exitosa? ¿Cómo a través de la manipulación de los genes  se podría eliminar los rasgos de imperfección humana? ¿Qué implicaciones tendría la sucesiva clonación?.  En «Los improductivos», uno de los temas es la clonación y advierto sobre la posible catástrofe de una clonación humana sucesiva.

Cristian Londoño Proaño



La ciencia ficción es importante porque es un acto de imaginar, crear y experimentar. A lo largo de los tiempos motivó la búsqueda de nuevas tecnologías. Además la intuición de los autores de ciencia ficción, motivada por las tecnologías presentes, y sus investigaciones, logran que la ciencia ficción puede advertir sobre el uso de nuevas tecnologías.

La ciencia ficción es uno de los géneros que mejor se adapta a los tiempos contemporáneos, a su velocidad de avance, a su forma de imaginar y al sentir de las personas. Explora nuevos caminos, que muchas veces no se piensan antes.

Lo atractivo de la ciencia ficción y la fantasía



(Originalmente en el blog de Cristián Londoño Proaño)


Por Cristián Londoño Proaño


Uno de las cuestiones que más atraen del género de la ficción especulativa es la creación de mundos desconocidos.  Mundos extraños en los que se desenvuelven las historias de fantasía y ciencia ficción. Esta es la frontera entre la ficción especulativa y cualquier otra ficción.  Orson Scott Card en su libro «Cómo escribir ciencia ficción y fantasía», dice: «El mundo en el que tiene lugar la historia es la marca fronteriza del género. Si la historia no lleva al lector hasta un lugar hasta entonces desconocido no es ficción especulativa».




Partamos del hecho que la marca ineludible de los géneros  de la ciencia ficción y la fantasía es la creación de mundos, de realidades alternas.  Por ejemplo, en la  novela «Un mundo devastado» de Brian Aldiss, escritor inglés muy importante en el género, desarrolla su historia en un mundo futurista donde los mares están contaminados por la basura y  los muertos.  Los barcos son dirigidos por robots y sistemas automáticos de navegación que les permiten navegar sin descansar en ningún puerto. Y África es el único continente que sobrevivió a la catástrofe ambiental.  El mundo creado por Aldiss no es nuestro mundo. Es un planeta enfermo y agotado que Aldiss nos transporta en su narración.  

Esta marca también lo podemos comprobar en las novelas de Julio Verne. Por ejemplo, en la novela "Veinte mil lenguas de viaje subamarino" la historia se desarrolla en un mundo que podria ser el siglo XIX. Digo, "podría", porque el mundo ideado por Verne en su novela, no es el mundo que lo conocemos, porque la inclusión de una máquina adelantada a su tiempo -el submarino- cambió la realidad.  




Otro caso, las siete novelas de Harry Potter, escritas por J.K Rowling. El mundo potteriano es Londres contemporáneo conviviendo con un mundo invisible  regentado por las leyes de la magia. Aunque nos parezcan familiares las estaciones de bus londinenses son propios del mundo potteriano.

Cuando escribí mi novela corta «Los Improductivos» imaginé una sociedad futura llena de clones humanos e insertos en una sociedad capitalista extrema. Una sociedad donde las leyes son ganar y perder. El ganador es el ser productivo. Mientras el perdedor es el improductivo. Pero la «Sociedad Productiva» no es muy distante a la sociedad contemporánea.   Un mundo en que se realizan negocios bursátiles como en Wall Street, pero los operadores son un ejército de clones que son reemplazados al terminar su existencia últil, productiva. Es decir, una realidad muy cercana y al mismo tiempo lejana que tiene códigos propios.



En el lector o espectador de  ciencia ficción y fantasía, el descubrimiento de un mundo extraño hace que despierte su curiosidad. Muchas veces, la curiosidad domina al miedo que se  puede sentir en un mundo que  resulta «apenas» familiar. Hay que tomar en cuenta que la curiosidad del mundo extraño en las historias de ciencia ficción y fantasía tiene su propio mecanismo y genera relaciones placenteras. La curiosidad se deposita en el personaje, que es la conexión que el lector o espectador tiene con ese mundo raro y establece una relación empática.  En el caso de las novelas de J.K Rowling, el propio Harry Potter y sus amigos son los encargados de guiarnos por ese mundo y volvernos familar y empático.  Por ejemplo, al terminar de leer las novelas, los lectores conocen los reglamentos para jugar Quidditch y parece ser un deporte que se lo practica en la realidad. 



Esta atracción al descubrimiento de mundos extraños mantiene a las historias de fantasía y ciencia ficción en la mente del lector o espectador. Muchas veces, el lector o espectador desea quedarse en ese mundo. Recuerdo la sensación que tuve la primera vez que miré la película emblemática de los años ochenta: «Back to the future», escrita por Bob Gale y Robert Zemeckis, dirigida por Robert Zemeckis y producida por Steven Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall , para Amblin Entertaiment y distribuida por la Universal Picture. Luego de que terminó la película protagonizada por Michael J. Fox pensé que «en la esquina» podía conseguirme un DeLorean DMC-12 modificado por el  Dr. Emmett L. Brown y viajar al futuro para saber como sería el planeta en el siglo XXII.

Precisamente,  la marca ineludible, el descubrimiento y la fuerza de atracción son lo que hacen de ciencia ficción o la fantasía una experiencia distinta y en muchas ocasiones,  impregna la mente del lector o espectador.

Yo no soy un blackstar, yo soy David Bowie









Fue sólo un click. Un leve click en un video de youtube. Y empezó a sonar en mi computador «Blackstar», el ultimo legado musical del actor, compositor, cantante y productor británico David Bowie. Esta súper estrella del rock murió el 10 de enero del 2016, víctima de cáncer. Fue uno de los músicos británicos que inscribieron su nombre con mayúsculas en la historia del rock. Pero traspasó las fronteras de la música, contribuyendo en la ciencia ficción. En sus obras musicales, Bowie entendió que la ciencia ficción no solo era literatura, cine y televisión. Desde su primer álbum musical «The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars», explora la ciencia ficción musical. Pero más allá de la larga y brillante discografía de Bowie, quiero comentar sobre su último trabajo «Blackstar».




Primero establezcamos que el video clip de Blackstar es un cortometraje. Segundo, la canción y el video son piezas de ciencia ficción. Y tercero, hay que tomar en cuenta que el cortometraje fue el resultado del trabajo colaborativo entre David Bowie y el director Johan Renck. Las ideas salieron de las conversaciones entre ambos y de los dibujos que el propio Bowie enviaba al director. Cada una de las imágenes que se pusieron en la pieza fueron imaginadas por Bowie y Renck. Ninguno de los dos tuvieron intenciones de colocar sublíneas o subtextos. Lo que la hace fascinante, porque como toda obra de arte tiene una «alma» que esta subyacente en su propia naturaleza y trasciende la voluntad de sus creadores. 

Blackstar arranca con una imagen de un astronauta botado en la superficie de un planeta desconocido. En el cielo acontece un eclipse solar. De repente una mujer que tiene cola va donde el astronauta, le alza el casco y advertimos la primera sorpresa: una calavera negra que está adornada con diamantes. Mientras Bowie nos canta, en un tono desgarrado, frases como: «En la villa Ormen, en la villa de Ormen está parada una vela solitaria… En el centro de todo esto». En las primeras imágenes nos enuncia que la historia sucede en otro planeta, que tiene otras reglas diferentes a las que conocemos. Luego, la muchacha lleva la calavera a Ormen y en la villa le rinden culto. Posiblemente, un regalo de blackstar. 




¿Qué es blackstar? Bowie lo canta en una de las estrofas del coro: «Yo soy un blackstar… Yo no soy una estrella de cine… Yo soy un blackstar… Yo no soy una estrella del pop… Yo soy un blackstar… Yo no soy una estrella Marvel». En las siguientes estrofas nos cuenta que un blackstar es una estrella estrella, es una no-estrella blanca, tal vez es una estrella negra. En Ormen le rinden culto. La manera de adorarlo es retorcerse y temblar. El culto del blackstrar tiene su propio libro de la estrella negra. Al final del cortometraje, los habitantes de Ormen organizan una ejecución  para honrar el nombre de su dios, colocando a tres personas en palos como si fueran espantapájaros humanos. Lo pertubador del cortometraje es que la canción es cantada por el propio blackstar que no sabe su naturaleza, no entiende porque existe, solo sabe que «nació al revés», sabe que no es un dios de barro como una estrella de pop, de rock o de las películas, no es un superhéroe, es un maldito blackstar.  



En el cortometraje se manifiesta el sin sentido de la propia existencia de un dios. Un dios que no sabe su naturaleza, solo conoce que le rinden cultos y homenajes. Cuestión caótica en sí. Bowie plantea una paradoja teológica. Un dios que no se conoce a sí mismo. No conoce su propia historia, su principio. Esto lo hace un tema infinito, porque Blackstar tendrá un dios, que posiblemente no conocerá su naturaleza y así sucesivamente. Una imposibilidad de conocer el origen. Como toda buena ciencia ficción, Blackstar plantea una cuestión más profunda que lo que esta en la superficie. Son dudas teológicas y filosóficas. Quizás la dudas del propio Bowie, acercándose a la culminación de su existencia. 

En Blackstar hay el juego y el poder de la palabra. Blackstar es una palabra que nace en la invención del propio ser y expande su significado, que se carga a lo largo de la pieza audiovisual hasta convertirse en sinónimo de un dios desconcertado de su naturaleza.




El alma de la que está hecho «Blackstar» de Bowie, es la exploración del origen del propio ser, el arraigo a un dios. Esto es lo interesante en toda obra artística, que se carga de sentido. A pesar de que el propio Bowie nunca tuvo intención de nada ni le encontraba sentido. Así lo testimonió el director Johan Renck. El periodista Justin Joffe de la web «Noise» entrevistó a Johan Renck, director del video. El director contó que: «…cuando hablamos del día en que saliera este video, le planteé la posibilidad de que íbamos a tener que dar entrevistas y cosas así y le dije: «Ten muy claro que no estoy haciendo esto para bañarme en tu gloria. No me importa eso, yo lo estoy haciendo para apoyar tu música». Él respondió: «Yo sé que tú no vas a hacer eso. Lo único que me parece importante es no hacer segundas interpretaciones o analizar lo que las imágenes significan, porque eso queda entre tú y yo. La gente se irá de bruces tratando de descifrarlas y encontrarles sentido y no tiene caso siquiera intentar engancharse en eso».


«Blackstar», la canción y el cortometraje -último regalo de Bowie- es una joya musical y visual. Una obra que admite más lecturas y cargas semióticas. Un Bowie monumental que se despidió como mejor sabía hacerlo: cantando en clave de ciencia ficción.